Hoy: Genio maligno con fritas

El diamante blanco

The White Diamond – Werner Herzog

No hay que mostrar los sueños, hay que contarlos. No hay que mostrar los recuerdos, hay que contarlos…así:

Herzog siempre logra convertir cualquier emprendimiento en un análisis sobre las personas y sus pensamientos (y preocupaciones). Que a la larga, terminan siendo sus preocupaciones. En “The White Diamond”, es invitado por un ingeniero que estudia y prueba la seguridad de las naves aéreas, y tras la construcción de un dirigible, viajan hacia la selva de Guayana, a repetir un viaje que años atrás terminó con la vida del documentalista  Dieter Plage, quien falleció a bordo de un dirigible construido por el mismo ingeniero.

    Pero Herzog tuerce la intención final de su audiovisual, que el dirigible pueda volar es importante si, pero él quiere saber qué siente el ingeniero luego de aquel accidente, cómo convive con ese recuerdo. En el fragmento puesto anteriormente, vemos en tres planos cómo se nos cuenta aquel hecho. Cámara al hombro, el ingeniero de pie con la selva y el río de fondo habla, y el sonido ambiente. Trece minutos dura aproximadamente la secuencia, y a medida que es narrada uno se la imagina, no hacen falta imágenes de archivo (hay una sola al comienzo de la secuencia), con el simple hecho de que la persona mire a cámara y cuente lo ocurrido, basta.

      En este fragmento, un lugareño admira el globo, al cual compara con un diamante blanco. El hombre recostado con su cigarrillo en mano y su inglés caribeño recita, filosofa, fantasea con el dirigible, e inmediatamente se lo dedica a su madre, quien vive en España.

      Estos dos fragmentos demuestran una de las cosas qué más le atraen a Werner, las personas que andan a cuestas con sus ideas, con sus fantasías, con sus pesadillas… y ponerles la cámara a su lado para que desnuden eso que tienen guardado parece una especialidad.

        El viaje no es solo para ver cómo vuela el dirigible blanco, sino para seguir cuestionándose el actuar humano, encontrar lo ridículo y lo fantástico al mismo tiempo de las ideas.

        El último fragmento es un capricho mío, esas secuencias Herzog que no me canso de ver: ¿Cómo captura el globo aerostático blanco despegando desde el río? Toma su reflejo y así a medida que vuela, se hunde de a poco en el agua.

        Al terminar de ver un film como este, es común quedarse pensando y preguntándose, si Herzog me pusiera la cámara frente a mí, ¿Qué le contaría?

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