Hoy: Genio maligno con fritas

Sobre Danny Boile y sus 127 horas

127 horas, así se llama la última obra del amigo Danny Boile. Es a causa de un joven que se queda atascado contra una roca. Más allá de que el argumento esté inspirado en lo que le pasó a un estadounidense, años atrás, Danny trata de dar una mirada sobre la variedad y cantidad de cámaras digitales que poseen muchas personas en el mundo. James Franco hace del tipo atascado, y lleva una cámara de fotos y una videocámara, digitales ambas. Intenta copiar las cualidades de lo que parece ser una MiniDV o alguna de esas. Cuando toma una foto congela la imagen que tomó y la desplaza con un efecto muy similar al del cumpleaños de 15 de mi prima.

Intento suponer que algo quiere decir con eso, son marcas en la imagen y en el audio muy pregnantes, que quedan grabadas en la memoria de un espectador tanto como la historia particular de este muchacho (es fachero James Franco la verdad). ¿Habrá querido dar su mirada sobre esta proliferación de artefactos digitales, dedicados a la imagen y al audio? ¿Una especie de reflexión? Pregunto (y luego escribo), porque cuando terminó la película me pareció una boludez lo de las fotos, como querer decir [guarda que soy consciente de las nuevas formas de generar un audiovisual]. Qué necesidad había de hacer eso, no lo sé. Porque el film narra la claustrofóbica vivencia del andinista, que en sus 127 horas comienza a grabarse para dejar un mensaje a los familiares [papá, mamá, los quiero, fui yo el que chocó el Fiat 147 la navidad del 93] ese tipo de declaraciones.

Y no parece ser una obra que tenga como uno de sus ejes, el cuestionarse los formatos de creación utilizados en la última década, no aporta una idea nueva, otra mirada, parece ser más bien un berrinche por mostrarse [a la moda] tecno.

La peli igual es entretenida, sobre todo la escena en que Franco imita al típico presentador estadounidense de TV, esos que hacen monólogos y tienen el público que aplaude y ríe, simulando que le hacen una entrevista a él, atrapado ahí donde está, tomándose el pelo a él mismo (al personaje y sus errores). Ahora que recuerdo, en ese momento le agregan las risas típicas de esos programas, y me pareció copante, porque por un momento dejé de pensar en el pobre tipo atrapado contra esa piedra, y me puse a imaginar un estudio, la mesita del entrevistador, la banda de Jazz que hace el tema de apertura, el público sumiso, el invitado remador (a lo Ricardo Darín en sus mejores días), etc.

¿A quién le importa lo que diga yo sobre una película? Bueno supongo que a mí mismo, ya con eso estoy medio satisfecho.

*Los corchetes son porque no me deja poner comillas, el querido WordPress.

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